Diez preguntas para la nueva temporada NBA (Parte I)

Ya se oyen los botes en las pistas de la NBA (y en otras, como Madrid) y eso solo puede significar una cosa: la temporada está cada vez más cerca. Inevitablemente, este inminente comienzo trae consigo multitud de análisis, pronósticos y valoraciones que, casi con total seguridad, no serán acertados/as.

Pero no por ello vamos a dejar de hacerlo ya que, admitámoslo, jugar a ser Dios mola. Mola mucho. “Yo ya dije que los Sixers se meterían e Playoffs”, “en octubre ya apuntamos que Carmelo ganaría el MVP” o “¿recordáis cuando pronosticamos que James Harden acabaría en el quinteto defensivo?”. Esto pasa. Y lo sabéis.

Pues bien, aquí no vamos a pronosticar nada (por ahora, no garantizamos que no nos de un ataque de adivinación. Es más, ya avanzamos que eso ocurrirá) y nos vamos a centrar en una serie de preguntas que pueden servir para analizar qué vamos a ver o qué nos espera la próxima temporada. Preguntas sencillas, respuestas complejas.

¿Son los Warriors mejores con Kevin Durant?

Antes de entrar en números, la respuesta es obvia: sí. Un sí rotundo y definitivo. Si al segundo mejor equipo de la temporada pasada le añades al anotador de más recorrido del mundo, con capacidad para hacer puntos desde cualquier rincón de la pista y un potencial defensivo que ya descubrimos en los Playoffs de 2016, precisamente ante los Warrios, la mejora del equipo es evidente. Ahora bien, hay otros matices que pueden, o no, discutir un posible anillo de Golden State. Pero esa no es la pregunta. Ahora nos centramos en cuánto mejoran y en qué aspectos lo hacen, no si en superarán las 73 victorias (ya decimos desde aquí que NO) o si tenemos que darles el anillo en diciembre.

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Repetimos: ¿son mejores ahora que el año pasado? Por supuesto. Los Warrios van a reunir a tres de los doce mejores anotadores de la temporada pasada. Un total de 80,4 puntos por partido entre Curry, Durant y Thompson. Reduciendo y reajustando esos números, no sería extraño que este año se vayan a 60-65 puntos en conjunto. Insuficiente para ganar, evidentemente, pero no hay ningún equipo que pueda reunir semejante caudal ofensivo en sólo tres hombres.

Con lo cual, el entorno que rodee a estos tres superanotadores será decisivo. Y ahí Golden State ha perdido efectivos (Bogut y Barnes, principalmente), añaden a otros como Pachulia y, sobre todo, mantienen el pegamento del equipo: Iguodala, Green y Livingston. Mimbres de calidad y rendimiento contrastado para asegurar que los Warrios son mejores que el año pasado. ¿Campeones? Predicción complicada, ya que dependen de muchas variables, pero muy favoritos al anillo.

¿Cuántos triples por partido van a fallar los Bulls?

Sólo entre Rondo, Wade y Butler, la cifra asciende a 286. Tampoco es tanto, diréis, pero ese es el resultado de los fallos entre los tres la campaña pasada. Aun así, como hemos dicho, no vamos a extraer verdades absolutas, con lo cual, diremos que fallarán alrededor de un millón. Porque este trío va a acumular una minutada en pista (lógico) y es, probablemente, la línea exterior con menos capacidad de anotar desde el triple de toda la liga. Eso sí, sus aleros altos suplen ese déficit y hombres como Mirotic (39%) y McDermott (42,5%) acumulan un porcentaje más elevado que cualquiera de los tres anteriormente referidos.

Aquí es donde Fred Hoiberg va tener que ponerse trabajar. Cuenta con interiores reboteadores que pueden paliar la falta de acierto. Los Robin López, Bobby Portis o Taj Gibson aseguran una presencia más que decente en la zona para rebañar los errores rivales pero, de eso, no se vive. En la actual NBA, con un abuso del triple casi obsceno, el sistema ofensivo de Chicago será una incógnita hasta que veamos cómo conviven tres jugadores acostumbrados a manejar mucho la pelota y a ver el aro cerrado cuando lanzan desde más allá de la línea. Reto mayúsculo para Hoiberg.

(Wade nos quiere llevar la contraria después de sus primeros partidos de pretemporada, pero le hemos hecho vudú y no anotará más hasta diciembre).

Portland va a molar mucho. Y punto

Quintos el año pasado contra todo pronóstico, 53% de victorias, superestrella consagrada y secundarios de lujo con rol creciente, estabilidad tras la renovación de núcleo principal. Todo eso ha ocurrido en Portland en los últimos meses. Y nada hace presagiar que se vaya a torcer. Por tanto, podemos vaticinar que, más allá de resultados, victorias o derrotas, Portland tiene las cosas claras y va a molar. Mucho.

Tener a Damian Lillard en tu equipo es un seguro de vida a la hora de ver al equipo por televisión. Sexto máximo anotador de la temporada (25,1 pts/partido) y mejora en lectura de juego y liderazgo. Con Lillard nos pasa que, a pesar de que sus números son buenos buenísimos, no hay palabras o datos que expliquen lo que mola verlo jugar. Es así, no hay más explicación. Nunca sabes cuándo va a desatascar un partido con un triple maravilloso o con una penetración elegante y efectiva. O cuándo va a conectar con su socio McCollum para elaborar una jugada de tiralíneas. Son tantas variables que lo hacen imprevisible.

NEW YORK, NY - DECEMBER 07: Damian Lillard #0 of the Portland Trail Blazers looks on during a game against the New York Knicks at Madison Square Garden on December 7, 2014 in New York City. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and/or using this photograph, user is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. (Photo by Alex Goodlett/Getty Images)

Sí, parece que estamos hablando de Michael Jordan. No, obviamente, pero Lillard está tan por debajo del radar (no fue All-Star el año pasado en una de las decisiones “tipo Stern” de Adam Silver) que no acapara los focos que merece. Un mercado pequeño como Portland, la sobrepoblación de bases megaestrellas en el Oeste y no sabemos qué más, pero Damian no llena portadas. Nos da igual, a nosotros nos mola. Y, aunque sea sólo por él, los Blazers van a dar alegrías y nos va a gustar mucho seguir sus partidos (a lo largo del año hablaremos de CJ, de sus renovaciones y de su profundidad de plantilla).

Los Knicks serían contenders… en 2011

Carmelo Anthony, Derrick Rose, Joakim Noah, Courtney Lee, Brandon Jennings. En el año 2011 todos estaban en la primera plana de la NBA (Lee quizá menos, ya que Houston no se clasificó para PO por poco), eran estrellas o grandes jugadores y haberlos juntado entonces habría convertido al equipo en cuestión en un candidato firme al anillo. D-Rose y Noah realizaron una de las mejores temporadas de la historia con Chicago y llevaron a los Bulls a la final de conferencia, cayendo ante los todopoderosos Heat por 4-1. Mientras, Melo conseguía su ansiado fichaje por los Knicks gracias a un multitraspaso con lo Nuggets. Por su parte, Jennings despuntaba en unos jóvenes Bucks en los que él acumulaba minutos y protagonismo.

Sigamos suponiendo: tres jugadorazos, un buen base joven y anotador, más un exterior como Lee que aportara tiro y buen rendimiento defensivo. Añadamos el entrenador de turno para manejar la máquina (D´Antoni no, gracias). Espectacular.

Peeeeeeero, estamos en 2016, con Rose operado y requeteoperado de las rodillas, Noah desaparecido las últimas temporadas y Carmelo hastiado de tanto fracaso en Nueva York y Lee trotando por cinco equipos diferentes desde entonces. A todo ello, sumemos una cantidad de jugadores de medio pelo, luchadores y fajadores pero exentos de la calidad mínima para llevar a los Knicks a un escalón más. Sólo Porzingis da un mínimo de luz a los de la Gran Manzana para encarar una temporada complicada, una incógnita. Dependerán de la salud de sus tres puntales (Melo, Rose y Noah) para poder aspirar a entrar en Playoffs, aunque no parece posible que lleguen a algo más que primera ronda. Aun así, poder ver en pista a ciertos nombres siempre es ilusionante y, por respeto y cariño especial, ojalá Rose vuelve a ofrecer un buen nivel (difícil acercarse siquiera a aquel extraordinario MVP, precisamente, en 2011) y se olvide de las malditas lesiones.

Enamorados de Paul George

En silencio, sin hacer mucho ruido, pero demostrando que estamos ante un jugador excelso en ambos lados de la pista. Y es que la temporada pasada, después de haberse roto la pierna, ha sido la mejor de su carrera. Sí, incluso mejor que aquella en la que se hablaba de sus posibilidades como MVP en los primeros meses de competición (13/14), justo antes de lesionarse.

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Pues bien, después de sumar su mejor año estadísticamente hablado, ayudado por una falta importante de referentes en Indiana, la temporada que se presenta es, cuanto menos, esperanzadora. Porque el nivel de George ya es superlativo, al nivel de otros grandes aleros. Ha alcanzado sus topes históricos en anotación, asistencias, rebotes y robos. Ahora, mejor acompañado (Monta Ellis, Al Jefferson, Jeff Teague, Myles Turner, Thaddeus Young), la campaña de Indiana ha de ser mejor y la 2ª ronda de PO debe ser un objetivo real.

Pero todo dependerá de que Paul George siga su evolución y confirme lo bueno que se vio hace uno meses: capacidad para crearse su propio tiro, una defensa en el uno por uno de élite, mejor visión de juego, hacer partícipes a sus compañeros, rango de tiro ilimitado y liderazgo en pista y fuera de ella. Es el alma de los Pacers y lo vamos a ver este año. Bancamos por George, confiamos en él.

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