La sublimación de un estilo

San Antonio conquista el anillo culminando una obra maestra del baloncesto, con un juego de espacios, basado en el pase y la solidaridad. Miami se vio incapaz de frenar a un equipo que se ha mostrado netamente superior a lo largo de las Finales. Kawhi Leonard se llevó el MVP más joven desde Magic en 1980.

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Resulta complicado no empatizar con San Antonio Spurs. Su pureza baloncestística, cuyas líneas maestras vienen definidas por la búsqueda del hombre libre para generar lanzamientos lo más cómodos posible, ha alcanzado el apogeo en estas Finales. Porque lo venían mostrando a lo largo de toda la temporada, a lo largo de los últimos 5-6 años, pero el grado de infalibilidad ante Miami Heat ha sido excesivo; en ocasiones, obsceno. Todos suman, todos aportan. Este modo de vida cuasi comunista implantado por Popovich ha entrado la historia, perfeccionado desde el anillo de 1999 hasta hoy, hasta el 4-1 endosado de LeBron James y compañía, vengando así lo ocurrido la temporada pasada.

El choque definitivo, el Game 5, comenzó como se esperaba: con Miami mandando, subiendo intensidad en su defensa y, sorprendentemente, con los Spurs fallando demasiado. Spoelstra buscó cambios e introdujo a Ray Allen por Mario Chalmers. El base, que ha realizado unas Finales desastrosas, no jugó un sólo minuto hasta el tercer cuarto, cuando todo estaba perdido. Ese nuevo planteamiento de inicio resultó hasta que a Allen le aguantaron las piernas en defensa y, sobre todo, hasta que salió Ginobili. Porque los Heat ganaban 6-22 en el minuto 7 y, poco después, un pique entre Battier y Manudo encendió al argentino: 6 puntos consecutivos y una asistencia para un triple volvieron a meter en el partido a San Antonio. Porque, hasta entonces, LeBron James había exhibido todo su potencial, toda su ansia de victoria y todo su gen competitivo anotando 17 puntos en el primer cuarto, tirando de un equipo que encomendó su suerte a The King.

Esos minutos, los mejores de Miami en las Finales, fueron mitigados por los triples de Ginobili, Leonard y Mills, que permitieron a los locales llegar vivos a la conclusión del período inicial (22-29). Y la dinámica que habían esbozado los Spurs la ratificaron antes del descanso. Los segundos doce minutos comenzaron con un ¡alleyoop! de San Antonio (el quinto en los últimos dos años). Este detalle no dejó de ser eso, un detalle, pero marcó el camino para un cuarto que resultó decisivo para la suerte del encuentro. Kawhi Leonard comenzó a cimentar su MVP con 15 puntos y 6 rebotes hasta el paso por vestuarios, defendiendo a LeBron, que se quedó en un raquítico 1/5 en TC y, sobre todo, liderando a su equipo. Y no se puede decir que Spoelstra no lo intentó: incluyó a Haslem en una rotación que lo había olvidado hace tiempo, pero Duncan abusó de él cómo y cuándo quiso. Ginobili apareció, de nuevo, para dar la puntilla a unos Heat que se desangraban desde el banquillo (MIA 2-22 SAS en puntos desde la banca en la 1ª mitad) y que debían dar gracias porque Parker y Green se combinaban para un insólito 0/11 en tiros de campo.

SPORTS_BKN-FINALS_13_MI_t607El tiempo de descanso no pareció funcionar para Miami. Estuvieron sin anotar los cuatro primeros minutos del tercer cuarto y San Antonio alcanzó la decena de renta (50-40) a las primeras de cambio. La zona cerrada y el desacierto en el triple nublaron la ofensiva de los de South Beach y, unido a la defensa de Kawhi sobre LeBron, dejaron a Miami al borde del colapso. La culminación del partido, la jugada que dio la puntilla al mismo ocurrió cuando Splitter, vengándose de la humillación sufrida hace un año, puso el tapón de las Finales a Dwayne Wade para, acto seguido, presenciar cómo Patty Mills convertía un triple. La veintena llegó a cinco minutos del final del período, con tres lanzamientos desde la larga distancia anotados de manera consecutiva.

Este cuarto fue especialmente decisivo y contempló dos nombres a tener en cuenta. El primero fue Patty Mills, que anotó 4/4 T3 para 14 puntos y se mostró absoluta y descaradamente desatado. Por su parte, LeBron, que había llegado a los 17 puntos en el primer cuarto, se quedó en 8 en los dos siguientes. Incluso Parker, fallón hasta entonces (0/10 TC), se sumó a la fiesta. Una fiesta que vio como terminaba con sólo 36 minutos disputados, dejando el período final en una anécdota.

San Antonio conquista un nuevo anillo, alcanza la venganza por lo ocurrido la campaña pasada y entra dentro de la historia (si no lo estaba ya) gracias a un baloncesto atípico, llamativo y combinativo hasta el extremo. La era Popovich-Duncan suma una muesca más, suma a su banda a un jovencito descarado como Leonard (MVP de las Finales), alcanza el grado de leyenda y deja un poso dentro de la NBA imborrable. Este estilo marcará tendencia: la facilidad del movimiento, el balón al hombre sólo y, especialmente, el EQUIPO por encima de todo, han calado. Adam Silver, en su primer discurso como comisionado en unas FInales, expresó el sentir de todos los aficionados al baloncesto: «Habéis demostrado al mundo lo bonito que es el baloncesto». Gracias.

NÚMEROS

– De nuevo San Antonio ofreció una muestra de lo que es el baloncesto de pase: 25 asistencias, por 14 de Miami. En el global de las Finales, el balance quedó 127-76 favorable a Spurs.

– Leonard ha sido el MVP de las Finales pese a que los dos primeros partidos fueron más que discretos. Los tres siguientes ha promediado 23.6 pts, 9.3 reb, 2.3 asist, 2 rob y 24/35 en TC (68.5%).

– Miami fu incapaz de aprovecharse de la mala noche en el tiro de Danny Green y Tony Parker, que llegaron al descanso con un 0/11 conjunto. De hecho, el francés anotó su primera canasta en el tercer cuarto (hasta entonces acumulaba 0/10 en TC).

– San Antonio ha vencido por una media de 18 puntos en estas Finales y perdió su único partido por tan sólo 2 puntos.

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